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About Our Keynote Speaker

Our keynote speaker is Dr. Pedro Luis Barcia, President of the Argentine Academy of Letters. 

Dr. Barcia holds a Ph.D. in Letters from Universidad Nacional de La Plata. He is a linguist, researcher, university professor and a prolific writer. His most recent publication "Diccionario fraseológico del habla argentina" (2010), written with Gabriela Pauer, is a 500-page treatise on the features of the Spanish spoken in Argentina. It has met with rave reviews from both the specialized and mainstream press. Other publications include:

  • "Prosas de Enrique Banchs" (1983).
  • "La Plata vista por los viajeros", (1982).
  • "Pedro Henríquez Ureña y La Argentina" (1994).
  • "Ángel J. Battistessa. Semblanza y bibliografía", (1994).
  • "El nicaragüense Tomás de Rocamora, Fundador y Gobernador de pueblos en el Río de la Plata" (1995).
  • "Edición crítica de la Marcha triunfal de Darío" (1995).
  • "Prosas profanas de Darío" (1996).
  • "Shakespeare en la Argentina" (1996).
  • "Historia de la historiografía literaria argentina", (1999).
  • "Proyecto de Edición Crítica de las Obras Completas de Rubén Darío".

  • The Argentine Academy of Letters is tasked with studying and providing guidance on the use of the Spanish language in Argentina. Established in 1931, the Academy is affiliated with the Royal Spanish Academy in Madrid as well as its peers around the Spanish-speaking world. The Academy is composed of 24 academics, chosen for their role in the Spanish language or literature. 


    Viernes 11 de noviembre de 2011 | 

    Preocupante diagnóstico

    El lenguaje se redujo tanto que ya "atenta contra la democracia"

    Lo dijo el presidente de la Academia de Letras Pedro Luis Barcia; "Se achicó el pensamiento"

    Por Alejandra Rey  | LA NACION

    El lenguaje se redujo de tal manera que atenta contra la democracia." Acostumbrado a sorprender con sus declaraciones, Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, mide la reacción de La Nacion ante sus contundentes palabras.

    "Cuando no hay capacidad de expresión se achica el pensamiento. Lo vemos todos los días con jóvenes que no leen, que no saben escribir correctamente y terminan con un lenguaje empobrecido. Y ese empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático", explica.

    Barcia formuló su preocupante diagnóstico durante una entrevista realizada a raíz del reciente lanzamiento del Diccionario argentino de dudas idiomáticas (DADI), publicado por la editorial Santillana, que echa luz sobre errores, vacilaciones, incertidumbres y barbaridades en que caen los argentinos a la hora de escribir y de hablar. Y tanta fe le tienen al diccionario sus autores, que cariñosamente lo llaman DADI, que es como se dice fonéticamente papi en inglés, con la diferencia de que William Shakespeare lo escribía con "y" al final (por lo menos, así se cree).

    El libro es fascinante en cada una de sus casi 500 páginas. Ahí se puede saber cómo se conjugan los verbos, qué acepción tienen los adjetivos para saber usarlos correctamente y cómo se han castellanizado algunas palabras nacidas en otro idioma, como chofer, video, etcétera.

    "Todo comenzó cuando teníamos acá (por la Academia de Letras, claro, aunque él es fanático de la otra, de Racing) el Consultorio Gramatical de Urgencias; entonces la gente llamaba para preguntar cómo se decía o se escribían las palabras y qué significaba cada una de ellas, y nos dieron un poco de bronca las dudas que tenían. Pero no todo fue malo, porque de allí nació el «dudario básico» que derivó en este DADI", dice, y aclara que dudario es una palabra que existe y que se utiliza de esa manera.

    Barcia cuenta, siempre muy entusiasmado, que hubo imposiciones muy graduales que cambiaron el lenguaje, como el voseo y el "ustedeo"; o los horriblemente célebres verbos terminados en izar, como banelquizar; o términos como "corralito", que "nos llevaron a reflexionar y a asentar criterios. Además, piense que es el uso de la gente culta lo que impone la modificación".

    -¿Cuál fue el término o la situación más difícil que tuvieron que resolver?

    -El dequeísmo fue una de las cosas más difíciles de definir. Nos llevó mucho tiempo y trabajo porque para hacer un buen diccionario es necesario que se cumpla la regla de las tres "C": corrección, concisión y claridad.

    Barcia admite que los niños son los que utilizan en forma "lógica" el idioma, porque usan siempre verbos regulares. Y que los irregulares se inventaron por conveniencia. "Y es el uso el que quebró esa lógica. Los chicos dicen «andé a caballo» -ejemplifica- y no está mal conjugado."

    Como si fuera una de sus clases y no un reportaje, el lingüista cuenta: "Los teólogos dicen que son los herejes los que hicieron desarrollar la teología, al ponerla en duda. Y lo mismo pasa con la lengua. Fijate, María Montessori [la educadora] decía que la lengua es el cemento social, el gran instrumento de la inclusión. Y es cierto".

    ¿Qué usamos mal? ¿Qué no se usa? ¿De verdad somos vulgares y caemos en errores groseros? Sí, definitivamente.

    Hojeando el diccionario con detenimiento nos topamos con la ignorancia. Por ejemplo, lo correcto es decir absceso, y también es correcto escribir acechanza y asechanza, aunque signifiquen cosas diferentes: la primera, "observar o esperar cautelosamente con algún propósito", mientras que con "s" es "engaño o trampa". Y aclara el DADI: "Ambos términos fueron especializando sus usos y no deben confundirse".

    Tampoco es bueno, siguiendo con los ejemplos, decir que algo está arriba de la cama, porque lo correcto es "encima de"; "bienpensante" está mal escrito porque antes de "p" va "m", aunque en forma separada es correcto.

    En cuanto a los adverbios, Barcia sostiene que frente a ellos la gente "desconfía", porque algunos son inventados, como "jamasmente", bastante usado en el interior del país. Los periodistas, en cambio, desconfiamos de los gerundios, a pesar de que es más difícil equivocarse con estos últimos que con los primeros.

    Y claro, el gran tema es la evolución del lenguaje.

    -¿Las palabras se mueren?

    -Sí, las palabras se mueren cuando se dejan de usar durante una determinada cantidad de tiempo, pero no puedo decir cuánto exactamente. Yo creo en lo que decía Manuel Seco: "Todos los días saco a pastorear algunas palabras". Mirá, antes al gaucho se le decía "gauderio" o "camilucho", pero son formas que se han perdido.

    -Javier Marías, que es miembro de la Real Academia Española, decía que para que las palabras no se murieran había que escribirlas de vez en cuando.

    -¡Sí, es verdad y tiene razón! Me gusta ese ejercicio para quedarnos con vocablos totalmente olvidados.

    El titular de la Academia dice que el léxico se va perdiendo paulatinamente porque en las aulas no se utiliza el diccionario durante las horas de clases y que es la radio la que conspira para empobrecer la lengua.

    "La radio es lo más peligroso en cuanto a la cosa gramatical", concluye.

    EJEMPLOS

    Algunos casos analizados en el libro

    Correcto

    Cónyuge
    A costa de
    Cíber
    Abasto
    Buen humor
    Kiosco
    Quilate
    Al por mayor
    Por más que
    Obsceno
    Peculio

    Incorrecto

    Cónyugue
    a costas de
    Cyber
    A basto
    Buenhumor
    Kiosko
    Kilate
    Al pormayor
    Por más de que
    Obceno
    Pecunio.


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